RADIO PIANO BAR

07 enero, 2011

FENÓMENOS PARANORMALES

I

Desde muy temprana edad, Felipe Carmona intuyó que pertenecía a ese mundo en el que el desdoblamiento del espíritu y el cuerpo, integran con toda naturalidad, su pasaje por este mundo. Sin necesidad de meditación profunda, la proyección astral surgió de improviso y ligada a otro mítico de las creencias populares, que es la precognición o la capacidad de anticipar hechos, sobre todo ligados con su entorno inmediato y con su propia naturaleza.

Así, a los nueve años, este “don” se manifestó de forma casi simultánea, al presentir, mientras se encontraba en la sala de clases, que algo grave estaba por ocurrir en su propia casa. En fracción de segundos, en forma de imágenes mentales, vio como su abuela ardía en llamas, al tratar de apagar una olla con aceite dejada olvidada en la cocina. Felipe dejó su cuerpo, el que cayó en un sueño profundo en el banco de su aula, mientras su “yo” astral anticipaba los hechos y retiraba de la cocina, el objeto de su visión paranormal, si queremos llamarla de alguna manera, segundos más tarde, una vez reincorporado a su cuerpo físico, despertaba en el banco que había abandonado, bajo los reproches de su maestra.

Llegó el recreo y Felipe haciendo uso de su celular, llamó a casa para cerciorarse que todo estaba bien. Una vez reasegurado, volvió a concentrase en sus quehaceres estudiantiles.

Nunca pensó, en ese momento, que macabra sorpresa le deparaba el destino.


II

Felipe creció en el seno de una familia como muchas, y constató desde su edad de raciocinio, que su don natural no tendría una acogida muy entusiasta, digámosle de algún modo, en el modelo familiar, que, como en la mayoría de las linajes, estaba conceptuado por el arraigado catolicismo, y la inquebrantable fe, para solucionar todos los problemas que no tenían justificación aparente.

Entonces, era menos sorprendente hablar de apariciones de santos, al que por ende se le atribuía ciertos milagros o del mismísimo Don Sata, aceptado en los Sntos Oficios, como manifestaciones de orden mítico y relacionadas generalmente con voluntades divinas de seguir revelandose mediante símbolos, parábolas o simplemente visiones espontáneas, ya sea de luces, sonidos y toda la parafernalia que se utiliza en estos relatos, por cierto, no menos macabros.

Por esa razón Felipe mantuvo en estricto secreto, estos poderes, sabiendo de antemano que no tendrían sana acogida en su entorno y que, además, llegó a pensar y no sin razón, que así como estos dones aparecieron, podían buenamente desaparecer, sin dejar otro rastro que le mismísimo recuerdo para luego no pasar de historias imaginarias y/o de ficción, que podrían parecer más aceptables a un auditorio “normal”

Felipe por tanto, fue madurando al interior de un contexto de orden, solidaridad, y abrazando ciertos valores que los hizo propios. Bajo ese precepto, se dijo que ese “don” que poseía, debía utilizarlo a buen esciente.

Muchas oportunidades tuvo entonces de adelantarse a los hechos de sus visiones y sin meditarlo ni siquiera pensarlo, cada vez que fue menester abandonar su cuerpo físico, para evitar los accidentes del que era receptor, lo hacía de inmediato.

Hasta la edad de los 20 años, no pasaron de ser visiones, sin grandes proyecciones, por lo que pudo fácilmente mantenerse casi en un cierto anonimato, aunque algunos de sus últimos aciertos, ya empezaban a levantar ciertas sospechas.

Una de esas noches, en que abandonó su cuerpo, sobrevino un movimiento telúrico de proporciones. Sin espíritu, el cuerpo es solo una estructura mecánica, sin voluntad, un verdadero objeto que sigue funcionando por automatismo. Alarmados de no encontrarlo reunidos con todos, bajo los marcos de puertas, su padre corrió a su habitación y se encontró entonces con un cuerpo aparentemente sin vida. Iba a gritar horrorizado, al mismo tiempo que se daba cuenta que, aunque levemente, sus sentidos aún eran escasamente perceptibles. La paradoja, es que presintió que ese temblor, causaría daños irreparables, en la persona de un individuo, incapacitado físicamente, y que habitaba una casona antigua, en bastante mal estado de conservación. Una vez que puso al individuo a salvo, regresó a su lecho, un tanto sonriente, pensando en que ahora debería, probablemente él mismo ponerse a salvo. Ahí se percató que su padre, hacía enormes esfuerzos por despertarlo. Simuló lo mejor que pudo, un profundo sueño, lo que devolvió el “alma al cuerpo” esta vez a su padre.

En dos otras oportunidades, lo encontraron en ese mismo estado, con el agravante que era de día; una en posición de estar leyendo o estudiando y la segunda con el celular en la mano y completamente “ido” razón de decirlo.

Al principio, pensaron se trataba de alguna enfermedad, como un cierto tipo de epilepsia síncopes, vahídos o simplemente desmayos. Aunque la duda persistía, pues que cada vez que se separaba de su cuerpo, no había ningún asomo de convulsiones propias de la enfermedad, pero sí, seguidas de un sueño que lo perdía en la más profunda de las inconciencias.

Fue así que al cabo de cierto tiempo, alarmados por este comportamiento que escapaba a toda lógica paterna-materna, decidieron someterlo a algunos exámenes, a los que él, para no levantar sospechas de lo que no podía todavía revelar, aceptó casi con un tono de alivio. Agreguemos que Felipe, aparte de los efectos sufridos por su voluntad irrenunciable de separarse del cuerpo cuando lo exigían sus visiones, gozaba de muy buena salud.

¿Cuál sería su estrategia entonces?… Pues la única, contar la verdad…


III


Ingreso a la consulta y una vez a solas con el titular de la salud. Y luego de los primeros exámenes de rigor, se estableció la siguiente conversación:

—¿Qué lo trae por aquí, Felipe, aparte naturalmente de la preocupación de su familia que parece del todo evidente y un tanto preocupante, por decir lo menos, pues noté una cierta angustia y bastante preocupación en ellos?

Antes que el galeno prosiguiera con su ritual interrogatorio y se pusiera a consignar las respuestas en fichas, Felipe mirándole fríamente a los ojos, le espetó:

—Doctor, necesito asegurarme de su estricto profesionalismo y lo que yo le diga sólo lo consignara en fichas personales que no debieran conformar mi documentación general de salud.
—Puede contar con ello, lo reaseguró el médico.
—Pues bien, vera usted que los males a que se refiera mi familia, aunque justificados, no tienen otra importancia de lo que yo voy a confiarle
—Lo escucho, respondió el doctor agregando familiarmente… —puede llamarme Igor, si lo prefiere.
—Gracias Igor, agregó Felipe, —lo prefiero en vista de la confesión que escuchará.
Hasta este momento, el interés de el profesional por el “Caso Felipe” como lo había rotulado de antemano, agregando el consabido “CONFIDENCIAL” no hizo que aumentar.
—Lo escucho le repitió el galeno.
—Doctor
—Igor, le interrumpió el médico
Una sonrisa entre ambos, rompía entonces ese tenso comienzo.
—Igor, sucede que no estoy enfermo y las manifestaciones que mis padres evocan, provienen de un don, a mis ojos tan banal y tan desconocido y poco descifrable en términos científicos, que espero no lo convierta en mi enemigo. Para ustedes los científicos, estás cosas no son necesariamente creíbles, pero le aseguro que dentro de lo “increíble” de las mismas, son tan o más reales, de lo que usted puede llegar a imaginar.
Las pupilas del galeno se dilataban a la vista de Felipe.
—Prosiga Felipe, le suplicó Igor.
—Existe en mí, un don, del que puedo hacer uso a voluntad, y combinado a un segundo. Este primer don consiste en disponer de mi espíritu o cuerpo astral, ectoplasma o como se llame, quien al ser estimulado por premoniciones o hechos anteriores, me obligan a dejar este cuerpo o arquitectura humana, para hasta el momento, evitar, cuando la premonición se presenta, algún problema, accidente o desgracia que golpea mi inconciente.
—Igor, entiendo un poco más de lo que usted imagina, en mi larga carrera he sido testigo de un cúmulo de hechos, que no tienen explicación científica. En varias de esas ocasiones, he sido testigo, en primera línea de lo que ocurre. No le hablaré del más allá y ese tipo de manifestaciones, que son mero producto de un desequilibrio cerebral acusados luego de un accidente, sea de orden cardio- vascular o encéfalo craneal, en que se dañan, en una especie de cortos circuitos, todos los millones de fibras que controlan la energía que circula y regula el organismo. Ero querido amigo, se producen sanaciones imposibles de caracterizar, conceptuar o simplemente que escapan a todo análisis. Lo que usted acaba de contarme, no es nuevo en ámbito de revelaciones, aunque también escapan a la medicina tradicional y puramente científica.
—Entiendo doctor y me felicito de saber que tiene suficiente capacidad para comprender “mis anomalías paranormales” por llamarlas de alguna manera. Si, puedo asegurarle que alguna de ellas me causan un desgaste físico, que luego pasaría un par de días durmiendo.
No me gustaría que esta primera entrevista, se extendiera demasiado, para no alarmar a mis parientes, que de seguro se están haciendo preguntas de todo índole.
—Pierda cuidado, agrego el galeno, sabré como calmarlos.

IV

La vida para Felipe Carmona siguió su curso con un poco menos de aprehensión de sus parientes ya que con las explicaciones de Igor parecieron ampliamente suficientes.

A medida que aumentaban sus experiencias paranormales, aumentaban también sus percepciones y aunque la fatiga llegaba por momentos a límites extremadamente difíciles, se sentía plenamente satisfecho de comprender, desde fuera, algunos misterios de tiempo-espacio.

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